domingo, 19 de mayo de 2013

RESERVISTAS: ASIGNATURA PENDIENTE

El mundo de la defensa no se centra en la reserva, pero ésta es parte de ese mundo. Por fin, el consejo de ministros, el pasado día 10 de mayo, aprobó la oferta de empleo en las FAS para el año 2013. De los conceptos que componen tal oferta, su cenicienta —como no— es la convocatoria de un máximo de 100 plazas para reservistas voluntarios. Bien magra proposición. Aunque ello no sea sorprendente. En España esto del reservista voluntario ha sido siempre una especie de parche que hay que llevar porque también lo portan los países de nuestro entorno. Claro que en éstos se cuida el género con esmero mientras que aquí es un mero remiendo. Porque, aparte de los propios reservistas —que lo son a costa principalmente de su esfuerzo, de su dinero y de la pérdida de sus vacaciones—, nadie más parece creer en el asunto. Hoy son alrededor de 5.000 personas, con una media de edad de alrededor de 45 años, más de la mitad de ellos universitarios, y en un 85% con estudios de mayor nivel que los meramente obligatorios. Son, por tanto, personas consolidadas profesionalmente y con un factor común (de tres caras): su amor a España, su gran vocación de servicio y su profundo afecto por las FAS. 

En realidad, España nunca ha tenido una auténtica reserva militar. Históricamente, en el mejor de los casos, las organizaciones de este tipo han sido voluntaristas, con escasos recursos financieros, exiguo equipamiento, leve instrucción y, lo que es más nefasto, sin utilización. Las más de las veces, orientadas a ubicar en las orgánicas de unidades virtuales los cuadros de mando excedentes. La última activación de reservistas con fines operativos sucedió hace un siglo y acabó como acabó. Fue en el verano de 1909, y desencadenó la llamada Semana Trágica de Barcelona (y otras ciudades catalanas). Mira por donde, nuevamente los hilos de la historia de España presentan esa contumaz tendencia a pasar por Cataluña. Por eso he dicho tantas veces, sin ánimo de ofender a nadie, que ni Cataluña puede entenderse sin España ni ésta sin su Cataluña. Lo cierto es que, desde hace 104 años, y con el paréntesis de la inevitable y colosal movilización de la guerra civil (donde precisamente se comprobó la inexistencia de reserva tanto de cuadros como de tropa), las movilizaciones han venido siendo únicamente utilizadas por los gobiernos para resolver problemas de orden público, sobre todo huelgas del metro o de transporte por ferrocarril. 

Este año se cumplirá la primera década desde que se convocaron los primeros reservistas de nuestros días. En 2012 fue la primera vez que una reservista —oficial médico—, fue encuadrada en el contingente español de una misión en el exterior; en concreto en Líbano. Posible y deseablemente la seguirán otros, previsiblemente gota a gota. Y, la verdad, no se acaba de entender el por qué de tanta reticencia, por todas partes, frente a la idea del reservista voluntario. En mi propia experiencia de tres misiones en el exterior y de destinos de mando y de estado mayor en formaciones multinacionales, me he encontrado frecuentemente en operaciones, maniobras y ejercicios militares con reservistas ingleses, franceses, norteamericanos y de tantos países más, desarrollando sus funciones y trabajos con gran entrega y plena eficacia. Es curioso observar, y éste es un punto relevante e incontrovertible, que son precisamente los países con FAS mejor dotadas y con mayor experiencia de combate, los que más cuidan, valoran y utilizan a los reservistas voluntarios tanto en casa como en operaciones en el exterior. 

En ese orden de cosas se enmarca, por ejemplo, el nuevo plan de potenciación de las fuerzas de reserva, mencionado en el programa del ejecutivo británico, que fue presentado por la Reina Isabel II en el parlamento hace pocos días. Plan que duplicará sus reservistas, hasta 30.000, para contrarrestar la prevista reducción de sus FAS en los próximos siete años. Naturalmente, en la “pérfida Albión” —de histórica y apodíctica vocación de gran potencia— estas cosas se toman en serio. Por ello, la programada e inmediata expansión de las fuerzas de reserva —en definitiva del concepto de “reservismo” como ingrediente sustantivo de la defensa nacional—, contempla un singular esfuerzo complementario con los empleadores, para que la función del reservista sea compatible con sus actividades laborales “regulares”. Muestra este mero ejemplo lo lejos que estamos en España del  concepto básico de reservista voluntario como un refuerzo, sobre base civil, de las capacidades de las FAS. Y esto a pesar de la previsión de reducción de plantillas militares (Visión 2025, por medio), que obliga y mueve a los estados mayores a inventarse, por ejemplo, extravagantes "orgánicas polivalentes". En este escenario, uno aconsejaría apoyarse en los beneficios de una potenciación seriamente abordada  del "reservismo". Pero no sucede así. Y no solo por desgana administrativa. También por la más bien reticente acogida que los reservistas tienen en las propias FAS. Bien sea por supuestos agravios de empleo militar en muchos casos, o bien por otras motivaciones mayormente personales. O, simplemente, por la natural tendencia de todo cuerpo vivo a rechazar el implante en su interior de un cuerpo extraño. Lo más curioso es que, encima, algunos intenten culpar a los propios reservistas, por pretendida ineficacia, de tal estado de cosas. Vaya, como diría el castizo (y perdón por la licencia): además de "eso", poner la cama. 

En España, a diferencia, por ejemplo, de lo que sucede en Francia, no se acaba de entender que el “reservismo” constituye el mejor nexo de unión entre los militares y el resto de la ciudadanía, entre la nación y sus FAS. Cuando tanto se habla (bla, bla, bla) de cultura de defensa, es precisamente en el propio ministerio de tal nombre donde se percibe un singular déficit de ella. Se mantienen organismos supuestamente dedicados a la promoción y coordinación de tal cultura. Pero, dejando aparte la buena cualidad profesional de las personas,  resultan más bien inoperantes aunque sirvan para justificar plantillas y nóminas, incluso de personal no profesional. Por otra parte, salvo error u omisión, este año el ministerio de defensa ha destinado un total de 2,3 millones de euros para la formación y activación de reservistas voluntarios. Son 2,2 millones de euros menos que el año anterior, lo que supone una reducción del 50 por ciento en esa partida presupuestaria, que ya era reducida respecto a años anteriores. Y, en todo caso, infinitamente menor de la necesaria para mantener una reserva mínimamente operativa. 

En resumen, se desatiende la idea de reservista voluntario, que es una de las más primigenias para la promoción de la cultura de defensa. Incomprendidos tanto por muchos militares profesionales como por civiles, los reservistas voluntarios en España se mueven en una especie de tierra de nadie. Y eso que, al igual que los militares profesionales, han jurado realizar la máxima entrega si llegara el caso. El resultado es que cada año se ven impelidos a tirar la toalla unos 400. Como se vienen convocando anualmente 100 plazas, las cuentas no cuadran. Es una asignatura pendiente. Porque con este rumbo ¿cuándo, Señor, se alcanzarían simplemente los 10.000 que estaban inicialmente previstos?

lunes, 13 de mayo de 2013

VUELVE IRAK

Esto se complica. El diario El País vuelve a la carga, en su número de ayer, sobre las presuntas torturas a cargo de soldados españoles en Irak. El asunto tiene relación directa con el vídeo publicado por el mismo periódico el 17 de marzo pasado (http://www.youtube.com/watch?v=-EThIcAhJ3w) y que fue remitido por el Ejército de Tierra al juzgado militar para la debida investigación judicial. En su momento, se trató la cuestión en el post “QUE TE LEVANTES” (http://elblogdepitarch.blogspot.com.es/2013/03/que-te-levantes.html). 

El extenso artículo (http://politica.elpais.com/politica/2013/05/10/actualidad/1368183664_732640.html) es tremendo. El testimonio aportado por el soldado “Charlie”, quien según se afirma estuvo en Irak entre agosto y diciembre de 2003, pone en cuestión muchas cosas. Y no solo por lo que se relata en relación con la actividad militar española en Irak, sino también por lo que narra de la fase de instrucción preparatoria para la misión allí. Se habla de severos castigos físicos, de arrestos colectivos, de permanente maltrato de obra (el sargento “me daba patadas en la cabeza” cuando me confundía conduciendo el blindado por el campo). Y esas reprobables técnicas heterodoxas de instrucción (por llamarlas de alguna forma) superan lo imaginable, cuando se mencionan prácticas de interrogatorios durante las cuales a los “presos” (compañeros de unidad) se les maltrata de obra, se les insulta, se les humilla y se les tortura ante “el jolgorio” de los demás. Todo ello presuntamente y de acuerdo con el artículo de EL País. Ya en zona de operaciones, el episodio en el que se describe la detención y el maltrato a dos empresarios locales, a los que se les confundió con insurgentes, es también demoledor. Adjetivo que se puede también aplicar al trato a prisioneros, lo que parece avalar lo que ya se conoció por el vídeo anteriormente mencionado. 

En un análisis de urgencia, todo esto me sugiere un par de reflexiones de fondo. La primera es que siendo posible todo lo descrito, ello no responde a una cultura institucional. Habiendo sido responsable de la preparación de la fuerza del Ejército durante dos años, certifico que hechos como los descritos no responden a manual alguno de instrucción de las unidades. Especialmente en lo que se refiere a los presuntos abusos de poder y extralimitación en el ejercicio del mando que parecen deducirse del relato del soldado “Charlie”. Ello llega al paroxismo cuando se refiere al trato dado a los propios compañeros y subordinados. Sorprende que el periodista —quien es seguramente el mayor experto español de su gremio en cuestiones de defensa, y que por tanto debe saber que hechos aislados como los descritos, por reprobables que sean, pueden siempre producirse—, parezca dar a entender en su artículo que lo relatado podría ser una práctica extendida en el Ejército (o al menos en algunas unidades del ET). 

En cualquier caso —y sería la segunda reflexión de fondo—, es claro que los militares ni son los ángeles que algunos pretenden, ni son los villanos que a muchos les gustaría que fueran. En el Ejército hay de todo. Como en el resto de la sociedad. Entre otros, son el código ético, la preparación, la instrucción bien concebida y ejecutada, la disciplina y la organización militar los elementos que moderan, encauzan y evitan el desbordamiento de emociones y la vesania del ser humano, en condiciones límite o de ausencia de control superior. No obstante, en la hipótesis del fallo, en el acaecimiento de episodios como los relatados en el artículo — que nunca debieran producirse, si es que se produjeron—, el talante del Ejército español debería haber quedar evidenciado, en su caso, por la propia diligencia en aclararlos ya “in situ”. Así como en la exigencia a tope de las correspondientes responsabilidades disciplinarias o penales cuando supuestamente se produjeran. Que nos enteremos ahora de lo que podría haber sucedido hace 10 años no es de recibo. Alguien debería aclararlo. 

El artículo de El País se publica en un momento extraño. Cuando el ambiente militar está algo enrarecido. Últimamente se han producido, por parte de personal sujeto al fuero militar, impropios o inoportunos editoriales y declaraciones públicas o a los medios de comunicación. Han sido atajados. En mi opinión, este artículo de El País del día 12 demanda un posicionamiento claro por parte de la cabeza del Ejército. También parece conveniente recordar al periodista y a su grupo editorial que hoy no vale todo. El culo del Ejército no debería ser utilizado como receptor de las patadas que posiblemente tendrían otros destinatarios.

jueves, 9 de mayo de 2013

A VUELTAS CON LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

foto:amtm.es
Encabezando los comentarios al post “¿QUÉ FUE DEL SANEDRIN?”, del pasado 27 de abril, un comentarista anónimo, aprovechando lo del Pisuerga…, sugería debatir el arresto al Subteniente Bravo. Decía: “¿es correcto? ¿hay democracia en el Ejercito? personalmente creo que no ha dicho nada que no creamos muchos militares”. Mi respuesta entonces fue que, mientras el suboficial permaneciera bajo arresto, no parecía oportuno debatir en profundidad sobre ello. Pero la petición no cayó en saco roto. Ahora que el arresto ya ha sido cumplido parece oportuno recoger el guante. Pero desde el comienzo del cumplimiento de la sanción en el establecimiento disciplinario de la base de “San Pedro” (Colmenar Viejo) hasta ahora, han pasado muchas cosas. Lo que a continuación sigue es mi opinión; no se trata de establecer “doctrina” (ni quiero, ni debo ni puedo) y, desde luego, lo expongo con todo el respeto a personas, asociaciones y organismos. Solamente es una referencia para el debate. Para quien quiera entrar, de buena voluntad, en él. Tratando de sistematizar ideas de base, enfocaré mi texto sobre tres aspectos de lo acontecido: los orígenes inmediatos, la manifestación de protesta durante la sanción y la reunión extraordinaria del consejo de personal de las FAS. 

Desde algunos medios, blogs, páginas y foros se ha atribuido a la sanción al subteniente Bravo intencionalidad política de origen. Como si el arresto hubiera sido un deliberado ataque al asociacionismo militar, al ser este suboficial miembro del consejo de personal de las FAS (COPERFAS). Y, simultáneamente, se instó al ministro de defensa a interrumpir el cumplimiento de la sanción. Vaya, como si una intervención ministerial —si ello legalmente fuera posible— no hubiera sido una interferencia política en el régimen interior de las FAS. Los hechos son tozudos. Éstos son hechos: el subteniente, el 16 de julio de 2012, estando de servicio, y cuando no existía todavía COPERFAS, hizo unas declaraciones en dos medios de radiodifusión. Un mando intermedio dió parte por escrito de tales declaraciones, por presunta falta grave. Parte que llegó hasta el general jefe de la jefatura de sistemas de información, telecomunicaciones y asistencia técnica del Ejército de Tierra. De acuerdo con dictamen jurídico, la responsabilidad y la potestad de ordenar la apertura del correspondiente expediente y, en su caso, corregir ese tipo de faltas para el personal a sus órdenes, recae en el mencionado general. Consecuentemente, la citada autoridad ejerció sus funciones. La instrucción concluyó en la existencia de una falta grave incursa en el artículo 8.18 del vigente reglamento disciplinario de las FAS (“hacer reclamaciones, peticiones o manifestaciones contrarias a la disciplina o basadas en aseveraciones falsas; realizarlas a través de los medios de comunicación social o formularlas con carácter colectivo”). El último y definitivo hecho es que, en acuerdo con esa conclusión del instructor, el general impuso al subteniente el arresto de un mes y un día que es el mínimo posible para falta grave. Y a la vista de todos esos hechos, uno puede preguntarse: ¿qué hay de político en la estricta aplicación de lo que la ley prescribe? O ¿es que quienes presionaban al Ministro pretendían que éste interfiriera en un proceso reglado de sanción disciplinaria, reservado a la cadena de mando? Guste más o guste menos, era un asunto de carácter disciplinario y así fue tratado. Pero éste es un estado de derecho; en consecuencia, la vía de los recursos está a disposición del subteniente Bravo. 

Una segunda cuestión interesante fue la convocatoria por parte de AUME (asociación profesional de la que el subteniente Bravo es presidente), dirigida a militares, familias y sociedad civil para manifestarse, el 27 de abril pasado, ante la sede del ministerio de defensa. “Por un régimen disciplinario digno que no arreste a la libertad de expresión. El 27 de abril ¡Todos a Madrid!” fué el lema que animaba a acudir a la convocatoria. Un lema de larga, quizás excesiva, intención. Dejando al margen —que no es poco dejar— el análisis de la legalidad de una manifestación reivindicativa de militares, allí hubo pancartas con lemas muy variados. Por ejemplo: “¡Carrera digna!”; “¿Derechos plenos!”; “¡Sí se puede!”(¿?) (de la plataforma de afectados por la hipoteca); “Por la defensa de los derechos sociales y profesionales de las FAS”; o “Por un régimen disciplinario digno”. Los concentrados, según medios y asociaciones, rondarían el centenar. Si se descuentan los inevitables policías de paisano, informadores, gente de inteligencia y cni, “francotiradores” (plataformas extrañas), sindicalistas, etc que con seguridad asistirían, no podría afirmarse que fue una convocatoria muy movilizadora. La otra asociación mayoritaria del consejo de personal de las FAS, ASFASPRO, por ejemplo, tampoco estuvo presente. Sí lo estuvo, curiosamente, el secretario general de CC OO quien, la verdad, uno no sabe bien qué pintaba allí; seguro que él sí lo sabía. Pero lo importante no es la equivocación de meterse en una convocatoria tan poco exitosa. Lo importante es la valoración del batacazo el cual, a mi juicio, mostró que, siendo evidente cierto grado de frustración profesional, especialmente en el cuerpo de suboficiales, no está claro que sea tan general como algunos proclaman. Asimismo, mostró que, para la mayoría, el espíritu de reivindicación de mejoras no desborda, al menos por el momento, los límites de la libertad de expresión que prescribe la ley. Y eso indica que hay margen todavía para, en su caso, retocar algunas cosas como, por meros ejemplos, en los campos de vida y promoción interna. 

Y el tercer punto, relacionado con todo lo anterior, fue la reunión extraordinaria del COPERFAS, del pasado 6 de mayo, a petición de las tres asociaciones presentes en dicho consejo, para tratar las circunstancias y condiciones del ejercicio de la libertad de expresión de los miembros de las Fuerzas Armadas. Presidió la subsecretaria de defensa. Quizás, el mayor éxito de tal reunión, a la que asistió en representación de su asociación el subteniente Bravo, fue meramente el haberse celebrado. Al intento de las asociaciones de debatir las condiciones producidas en el arresto del suboficial, se dejó constancia —como no podía ser de otra forma—, que las sancionas disciplinarias son materia reservada por acuerdo de consejo de ministros, así como que los límites de la libertad de expresión de los militares se encuentran recogidos en el artículo 12 de la L. O. de derechos y deberes de las FAS. En definitiva, que el COPERFAS es un órgano consultivo y no terreno para discutir y valorar los asuntos disciplinarios. 

Igualmente, con la legislación vigente en la mano, no hay lugar para espacios de autonomía militar. Viene a cuento recordar lo que en un post anterior recogía: “veo lógico que los miembros del consejo de personal de las FAS tuvieran un “especial” tratamiento reglado, que les permitiera manifestarse con una mayor libertad de expresión de la que la ley atribuye a los militares en general. Pero, con todo el gran respeto que tengo por el asociacionismo profesional, asimismo entiendo que ese pretendido "aforamiento" solo podría eventualmente amparar aquellas actividades que, indubitadamente, se realizaran en la calidad de vocales del Consejo, y en relación a las competencias que al mismo le hubieran conferido las leyes. Lo contrario crearía ámbitos de autonomía de difícil encaje en la condición militar de los vocales, asimilando el estatus de los “aforados” a la figura instrumental que requieren los medios de negociación colectiva. Medios que explícitamente se niegan a los ejércitos en la constitución”. En otros términos, asociaciones profesionales, sí; sindicatos, no. 

Finalmente, para no alargarme más, quiero señalar que en fechas inmediatas, quizás el próximo viernes, 10 de mayo, el consejo de ministros apruebe el proyecto de ley orgánica de régimen disciplinario de las FAS, y su posterior envío al congreso de los diputados para el correspondiente trámite parlamentario. Es ahí, precisamente, donde han de dirimirse y aclararse esas cuestiones disciplinarias tan aireadas últimamente. Mientras tanto, creo que lo razonable y lo prudente por parte de todos es cumplir con la ley vigente. Intentar “forzar la máquina” por otras vías, incluso insistiendo en formulaciones anteriores que no llevan más que a la frustración y al conflicto estéril no es una vía recomendable. Definitivamente, y contestando al anónimo comentario con el que se abría el post, las Fuerzas Armadas defienden la democracia, y sus cometidos  y su organización derivan de decisiones tomadas por los correspondientes órganos democráticos. Pero, siendo una institución de la democracia, actúa y opera pivotando, entre otros, sobre los principios de jerarquía y disciplina. Vaya, no sé si me explico.  

viernes, 3 de mayo de 2013

DIFAS 2013: OCASIÓN PERDIDA

A este JEMAD (CHOD SP) casi siempre le toca dar la cara y bailar con la más fea. Hay que reconocer que lo hace con singular donaire. Pero que el Día de las Fuerzas Armadas (DIFAS) de este año tenga un presupuesto raquítico, no debería haber sido mayor noticia. Ya hace años que el declive se produce. Según los datos hechos públicos por el almirante, el presupuesto para el DIFAS 2013 es de “alrededor” de 90.000 euros. Un 60% inferior —recalca Defensa— al del año 2012. No habrá desfile, ni recepción de autoridades, ni vuelos “sofisticados”, ni nada de lo que hasta ahora parecía imprescindible. Para 2013 se ha atomizado la celebración en hasta 206 actos de lo más diverso, algunos de bajísimo perfil. Dados por supuestos la dignidad, la dedicación y el esfuerzo que desarrollarán los participantes en cada uno de ellos el programa, como conjunto, es una especie de “tutti frutti”. La estrategia de comunicación intenta presentarlo como una gran muestra de austeridad y solidaridad de Defensa, en el marco de un desastroso escenario económico-financiero nacional. Y, la verdad, no es que me parezca muy mal. Pero un programa de “quiero y no puedo” no suele satisfacer a nadie. Ni a los actores ni a los espectadores. 

¿Quizás sea una ocasión perdida? Se podría haber aprovechado la actual moralina del recorte, que tan profusamente se profesa —ciertamente con injusta y desigual intensidad— en la Administración, para haber hecho las cosas de otra manera. Me explicaré. De antiguo, existe un criterio bastante extendido entre los militares, según el cual el Día de las FAS (DIFAS) está mal planteado. La crítica consiste en que tradicionalmente es una especie de Día de la fiesta nacional pero más reducido. Cuando había dinero, se desarrollaba como una amplia operación de relaciones públicas y de imagen enfocada por, y orientada hacia, Defensa. Desde esta perspectiva, muchos pensábamos que se desvirtuaba lo que debería ser la finalidad fundamental del DIFAS: que la ciudadanía pudiera conocer mejor sus FAS y así reforzar los lazos de unión entre una y las otras. En otros términos: fomentar el aprecio de la primera hacia las segundas por vía del más auténtico conocimiento.

No sé cual será la opinión de los lectores, pero yo personalmente me hubiera quedado más conforme, en este año de vacas esqueléticas, si no se hubiera programado el “tutti frutti”. Y se hubiera aprovechado la ocasión para hacer del DIFAS 2013 exclusivamente una jornada total de puertas abiertas en cuarteles, instalaciones y unidades. Un día en el que los ciudadanos pudieran comprobar, con normalidad, sin trampa ni cartón, cómo viven, cómo y con qué armamento, equipamiento y materiales trabajan, y cuáles son los problemas y las cualidades del diario quehacer de nuestros soldados. Eso sí sería un buen DIFAS: una jornada de puertas abiertas de par en par en toda España. Un beneficio colateral —mira por donde—, hubiera sido el ahorro de la mayor parte de los 90.000 euros de este año. A ver si hay suerte y en el DIFAS 2014 se consigue. 

Porque si no hay dinero, o no se quiere emplearlo en esto, pues qué se le va a hacer. Todo es una cuestión de prioridades. Al fin y al cabo, el DIFAS no es tan importante para la defensa nacional habida cuenta de que lo esencial es que las unidades estén bien preparadas para el cumplimiento de las misiones asignadas. Y para esto tampoco hay presupuesto. En todo caso, austeridad no es lo mismo que cutrez. No se puede obviar que el oficio militar —esforzado para la mayoría— también tiene mucho de rito, de ilusión y de fantasía. Y las cosas o se hacen bien o no se hacen... Sí, creo que este año el DIFAS va a ser una ocasión perdida.

sábado, 27 de abril de 2013

¿QUÉ FUE DEL SANEDRÍN?

Las divergencias públicas entre el ministro de asuntos exteriores y cooperación, Sr. García-Margallo, y el de defensa, Sr. Morenés, van siendo tan patentes como frecuentes. Y eso no es bueno para nada ni para nadie. Porque sufre la credibilidad internacional de España y envía un mal mensaje colateral a las FAS, especialmente a las unidades llamadas a desplegar en el exterior. Después del desencuentro relativo al volumen de la participación de las FAS en las operaciones en Malí, el último rifirrafe verbal ministerial ha tomado cuerpo en la visión sobre el futuro de la participación española en FINUL, la misión de NN UU en Líbano. Mientras que para el ministro de defensa parece conveniente ir pensando en finalizar pronto la participación de las FAS españolas en dicha misión, para el de exteriores, por el contrario, la presencia española en tal misión es permanente y allí debe seguir mientras no hubiera, en su caso, un cambio radical en la situación. Un diario de tirada nacional se hacía eco de ello                   ( http://politica.elpais.com/politica/2013/04/24/actualidad/1366810815_596076.html). 

Después de tantos años dedicados al estudio y el trabajo de las cuestiones internacionales de defensa y seguridad, no me puede sorprender la complejidad de la política exterior. Especialmente cuando, como le sucede a España, el modelo parece agotado. Nuestro país, en un contexto internacional que en los últimos años ha sufrido enormes cambios de naturaleza, y cuando el reparto del poder a nivel global hace difícil identificar si el escenario internacional es ahora multipolar o, incluso más dramático, “apolar” (con muchos polos pero de capacidades limitadas), nuestra política exterior parece huérfana. Porque, alcanzados plenamente los grandes objetivos que en los últimos treinta años absorbieron las mayores energías (Comunidades Europeas, OTAN, presencia real en Latinoamérica o en el Mediterráneo), cada cual internamente barre para su propia parcela. España, en esta tesitura, necesita hacer un ejercicio de auto-confianza. Necesita replantearse qué tipo de potencia internacional quiere y puede ser. Y hacerlo decididamente, tanto en el plano bilateral como en el multilateral, en el seno europeo. Europa, no me cabe duda en ello, debe ser el eje central, la columna vertebral, que articule la política española. 

En todo caso, sorprende no tanto la discrepancia interministerial como su publicidad. Especialmente cuando el gobierno parece interesado en “opositar” a uno de los sillones no permanentes en el consejo de seguridad de NN UU para los años 2015-16. O cuando ha presentado la candidatura de un general de división en la reserva, Asarta, para adjunto al asesor militar del departamento de operaciones de paz de NN UU (DPKO). Todo ello, en el marco la reducción del 50% del contingente español en FINUL, realizada hace solo cuatro meses, que denota un desinterés de España por la función de los cascos azules. Caramba, sí que algunos están enrevesando las cosas. Uno diría que tan evidente disparidad sobre una acción exterior concreta no favorece ninguno de los intereses españoles actuales en el marco de NN UU. 

Hace ya años, se constituyó una comisión “ad hoc”, conocida coloquialmente como el Sanedrín, que reúne a personal de alto nivel tanto de exteriores como de defensa. Su función es fundamentalmente coordinadora y de intercambio de información. Es decir, precisamente para que eso que se viene produciendo no sucediera.Y hoy, supuestamente, lo tendrían “a huevo”, al ser dos diplomáticos, el director general de política exterior y asuntos multilaterales, globales y de seguridad (MAEC), y el SEGENPOL (MINISDEF), las respectivas cabezas de las delegaciones en el Sanedrín. Claro que, ‒según la lengua algo viperina de un amigo embajador‒, es precisamente ese común origen diplomático lo que hace que la cosa funcione como funciona. Otras explicaciones podrían ser que, o bien los respectivos ministros van por libre sin hacer caso alguno a la coordinación salida del Sanedrín, o bien, y más simplemente, que éste no se reúne con la debida frecuencia. En cualquier caso mal. A lo mejor a alguien se le ocurre otra explicación del problema.

lunes, 22 de abril de 2013

ENTRE QUIMERA Y ENTELEQUIA

Hace una semana me llegaron por varias vías sendas copias de un trabajo sobre unas futuras fuerzas de defensa catalanas. El documento está elaborado por un auto-titulado centro de estudios estratégicos de Cataluña, una especie de ONG al parecer ligada a un partido independentista de esa comunidad autónoma. No le di mayor importancia al tema, porque no quería que este blog fuera, en su caso, de los primeros en prestar atención a algo que, hoy por hoy, se sitúa entre la quimera y la entelequia. Y así se lo expliqué a los amables remitentes. El asunto ya ha tenido cierto eco en algunos periódicos y digitales. Yo mismo fui contactado el pasado viernes por un canal de televisión para una corta entrevista sobre ello. Ahora, por tanto, parece momento más propicio para tratarlo.

Solamente haré un análisis somero de dos aspectos del documento. Uno es de forma y otro de fondo. Formalmente, y adelantando mi respeto personal por los autores, el papel parece un atropellado borrador. Un “totum revolutum” donde se mezclan grandes formulaciones con objetivos e, incluso, con detalles mínimos. Todo parece metido con calzador: organización, infraestructuras, proceso de selección del personal, nivel de conocimiento del catalán por empleos, filtros de lealtad y lo que uno quiera imaginarse. Resulta, por tanto, difícilmente entendible desde el punto de vista metodológico. Parecería que sus autores se han atragantado al ingerir documentos de otros para cocinar su propio refrito. Ejemplo paradigmático de ello es cómo las misiones asignadas a las FAS en la Constitución y en la L.O. 5/2005 de la defensa nacional, son extrapoladas casi miméticamente al documento de la ONG, pero convertidas en objetivos de la defensa nacional de esa Cataluña independiente con la que sus autores fantasean. Resulta difícil contener la sonrisa al leer que “mantener la integridad territorial” figura como uno de los primeros objetivos de la defensa nacional de Cataluña, cuando esa misma formulación, como cometido de las FAS, suscita las más airadas críticas desde las instancias independentistas catalanas. ¿Qué cosas, Señor, qué cosas! 

Entrando más en el fondo del papel, esa “futura fuerza de defensa de Cataluña” (FDC) es una mera hipótesis de segundo grado. Una hipótesis subordinada a otra previa: la existencia de un estado catalán. Solo en la fantasía de un estado catalán, de una Cataluña independiente, podría existir una FDC. Unas fuerzas armadas catalanas, en realidad, puesto que el documento habla de tierra, mar y aire. Vaya, que los autores propugnan embarcarse en un gasto de varios puntos de porcentaje de “PIB catalán” durante una porrada de años. 

Pero, ojo, que la hipótesis tiene su fondo político por tratarse de un campo en el que no caben ni ambigüedades, ni globos-sonda, ni el consabido juego —tan hábilmente utilizado por la política “pujolista” en sus relaciones con Madrid— del “dos pasos adelante y uno hacia atrás”. Porque, en cualquier estado, las Fuerzas Armadas son el brazo armado de la Nación y uno de los símbolos o instrumentos supremos de la soberanía nacional. Y, en el caso concreto de España, el artículo 149.4 de la constitución dice que ”el estado tiene la competencia exclusiva sobre Defensa y Fuerzas Armadas”. Por ello, el trabajo de la ONG como tal, en abstracto, es uno más de los miles y miles de productos que sobre cualquier cosa se pueden leer en internet. Pero caso distinto sería que se adoptara como documento de planeamiento por alguna instancia oficial catalana. O, incluso peor, que alguien sucumbiera a la tentación de iniciar algo parecido a un embrión de esa fuerza. Porque en cualquiera de los dos no cabrían ni paños calientes, ni pasar la pelota a los jueces: el estado tendría que intervenir inmediatamente, y con todos los medios necesarios a su alcance, para abortar tal hipotético proceso. Cada cosa en su sitio.

miércoles, 17 de abril de 2013

IPEC,s A 360º

El general Martin E. Dempsey, presidente de la junta de jefes de estado mayor de EE UU —equivalente al JEMAD en España— está “mosqueado” con los generales y almirantes de su país. Los escándalos de éstos aparecen con demasiada frecuencia en periódicos y programas de televisión. El más antiguo de los militares norteamericanos, como parte de un amplio programa de actualización y desarrollo de conocimientos de los oficiales generales, quiere poner especial énfasis en un nuevo sistema de calificación. Y así, al universal procedimiento de calificación descendente: ser evaluado por el superior y, a su vez, ser calificador de los inferiores, se añadirían nuevos sentidos. Ascendente: calificación por los subordinados, y lateral: calificación por los iguales. Es de suponer que tal sistema, para ser operativo, deberá acotar el número de calificadores (quizás limitarlo a los más inmediatos en la periferia de cada uno). Esa calificación a 360º es algo tan novedoso que incluso uno de los periódicos más importantes del mundo, The New York Times”, se ha hecho eco del asunto (http://www.nytimes.com/2013/04/14/us/militarys-top-officers-face-review-of-their-character.html?smid=tw-share&_r=0) 

Lo que no está claro es qué clase de efecto se quiere lograr en los generales y almirantes con un sistema de evaluación de mayor profundidad que el actual, tanto en competencia como en condiciones personales y de carácter. Incluyendo el comportamiento de las esposas. Es bien conocida la importancia de las esposas en el ambiente social militar norteamericano. Tanto para realzar la figura del esposo, como para “pastorear” a las esposas de los subordinados de aquél. Por cierto, y para evitar suspicacias, entiendo que todo lo dicho, será aplicable a las militares y sus cónyuges. Esto de la calificación desde los cuatro puntos cardinales no parece, como mera hipótesis, un mal invento. Aunque, en principio, tampoco podría decirse en qué puede afectar a la competencia profesional de un militar que, por ejemplo, a pesar de estar “felizmente” casado, tenga por ahí algún asunto de faldas (o, en su caso, de pantalones). Para un mediterráneo de pura cepa, no es fácil entender esa ecuación. Es difícil determinar, en definitiva, si lo que se busca es incrementar el nivel de moralidad entre la clase militar, de manera que los que lleguen a los más altos puestos de los escalafones sean los más “impecables” o, simplemente, es lograr seleccionar para tales puestos a los más hábiles en mantener, en su caso, una vida privada blindada. 

La polémica que suscita no es pequeña. Hay quien piensa que el nuevo sistema de calificación podría dañar el principio de jerarquía que, junto con la disciplina y el más estricto cumplimiento de las órdenes (todos mayormente de sentido descendente), son base fundamental de la organización militar. Otros, por el contrario, opinan que el nuevo sistema tendrá positivos efectos en el estilo de mando de muchos oficiales. Incluso, hay quienes piensan que se trata de una manera encubierta de propiciar la reducción de plantillas. En todo caso, lo que parece claro es que ese nuevo sistema modificará la propia manera de concebir las relaciones internas en el seno de las FAS norteamericanas. 

Y llegados a este punto, y a la vista de la contestación que tiene el sistema español de evaluación (los IPEC,s), y con la ampliación de la noticia en “The New York Times”, uno puede preguntarse: ¿qué pasaría aquí si en Defensa tuvieran una ocurrencia similar? ¿Sería aplicable a todos los cuadros de mando? Tratándose de un asunto tan delicado ¿qué pensarían sobre esto las asociaciones profesionales, especialmente en lo que se refiere a la parte más personal y familiar del paquete? ¿Qué beneficios traería una aproximación similar a las FAS españolas? ¿O sería peor el remedio que la enfermedad? No me digan que la cosa no tiene su mordiente. Paso el “piano” a los lectores para comentarios, si así lo desean.